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| "El ser vivo" es "el tiempo" y "la eternidad", "la Divinidad" y "la vida", que se revelan en carne y sangre |
1075. Como aquí hemos visto,"el ser vivo" es, así, lo mismo que "el tiempo" y "la eternidad" apareciendo en carne y sangre, fenómenos ambos que en esta relación son lo mismo que la suma de la materia de un "organismo vivo".
Ninguna forma en absoluto de materia puede existir sin ser, precisamente, "carne" y "sangre" de un organismo.
Pero esto no significa, naturalmente, que esta "carne" y "sangre" tenga el mismo color rojo que la carne y sangre del hombre terreno.
"La sangre" de la planta, es decir, su fluido vital o savia tiene, naturalmente, el color claro del agua, del mismo modo que su "carne" aparece principalmente con colores verdes, y en "la carne" de los peces domina el blanco.
Por lo que respecta a la Tierra, el fluido vital o "sangre" es lo mismo que las masas de agua de los océanos, mares y ríos.
El agua, en su aparición normal, tampoco es roja y, sin embargo, es un fluido vital igual de absolutamente indispensable para el organismo de la Tierra como la sangre roja lo es para animales y hombres.
Sin agua la Tierra sólo sería una momia o masa de materia reseca o encogida y sin vida.
Con respecto a "la carne" de la Tierra, es decir, sus masas de materia orgánica, tierra, arena y arcilla, sus sedimentos de carbón y productos químicos, estos fenómenos tampoco están, naturalmente, ligados al color rojo de la carne humana terrena, del mismo modo que su esqueleto, es decir, sus rocas de granito y otras masas rocosas y formaciones minerales tampoco aparecen con el color blanco del esqueleto humano terreno.
Visto cósmicamente, toda materia es, por lo tanto, "carne" y "sangre" de organismos y no puede de ninguna manera ser otra cosa.
Todo se convierte, por consiguiente, en "vivo".
Esta vida es, a su vez, lo mismo que "experimentación" y "lo que experimenta", que es a su vez lo mismo que "el tiempo" y "la eternidad" respectivamente, que, como sabemos, no pueden de ninguna manera aparecer separados y, por ello, en su más elevado análisis sólo pueden aparecer como una unidad en forma de un "ser vivo" eternamente existente.
"El ser vivo" es, así pues, en su aparición inevitablemente una encarnación de "el tiempo" y "la eternidad".
Donde no aparece uno de estos dos fenómenos, no existe ningún "ser vivo".
Pero como son inseparables, no puede haber ningún lugar ni existir nada que no exprese un "ser vivo".
Todo es vida, todo está "vivo".
Puede sobrevenirle al "ser vivo" un sueño o revelación de mayor sublimidad, belleza o hermosura que el que aquí, por medio del lenguaje de la propia vida, se ha convertido en verdadera realidad, a saber, que "el ser vivo" es el propio "tiempo" y la propia "eternidad", y que no existe en absoluto ningún otro "tiempo" ni ninguna otra "eternidad", y ulteriormente tener la confirmación de que este "tiempo" y esta "eternidad" no pueden existir en absoluto sin ser una unidad inseparable, con lo que se garantiza que la identidad del ser con "la eternidad" es "un dominar eternamente al tiempo", "una experimentación eterna del espacio", "una manifestación eterna del ente" y, con ello, "una revelación eterna de la imagen de Dios", es decir, "de la naturaleza de Dios". En verdad, para este ser "un día es como mil años y mil años son como un día". Y no es fácil comprender aquí que, aunque tomáramos "las alas de la aurora y viviéramos en el último confín del mar" o viajásemos miles y miles de años luz por el espacio eterno en los rayos de la luz hacia metrópolis de soles, mundos de estrellas, planetas y cuerpos celestes con otras humanidades y plantas, con otros animales y minerales, allí también nos encontraríamos envueltos en esta naturaleza luminosa de la Divinidad y veríamos que la esfera de lo infinito vive, se mueve y está en nosotros. El espacio recorrido es nuestro "pasado". Es espacio que pasa por delante de nosotros es nuestro "presente", y el espacio que nos viene al encuentro es nuestro "futuro". El universo es nuestra "conciencia". Somos el tiempo y la eternidad, la Divinidad y la vida, que se revelan en carne y sangre. Esta revelación es "el ser vivo". |
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