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| Por qué "todo es muy bueno" | 1086. Como sabemos que la experimentación de la vida por el "ser vivo" y, con ello, su percepción es de este modo una "santificación" del ser, una elevación del hijo de Dios a la culminación de la luz, a una fusión con el resplandor, la conciencia y la esfera de pensamientos del Padre, entonces es, naturalmente, un hecho que "todo es muy bueno". Pero si "todo es muy bueno", esto quiere decir que todos los fenómenos de esta "correspondencia viva" con la Divinidad también tienen que ser "buenos". Han sido medios a través de los cuales ha sido posible que la Divinidad llevara al hijo a fundirse con el Padre. Todo lo que debido a las especiales relaciones de perspectiva, que se presentan dentro de la zona de percepción del ser, se registra como "injusticia", "falta de amor", "odio", "persecución", "celos" o "avaricia", "codicia", "envidia", "ambición, "vicios" etc. con contenido real, constituye, así pues, unos estadios totalmente imprescindibles sin los cuales "la santificación" de la correspondencia divina o relación entre la Divinidad y "el ser vivo" (el hijo de Dios) jamás podría convertirse en una realidad o experiencia absoluta. Sólo por medio del conocimiento de "la injusticia" se puede conocer o experimentar "la justicia", y sólo por medio del conocimiento de bajas formas animales, primitivas se pueden conocer altos estados divinos. Sólo por medio del conocimiento de "la desdicha" se puede conocer "la felicidad". Y "la felicidad" es, por consiguiente, la culminación de "la experimentación" de la vida, que en su último y más elevado término es la experimentación de la unión con la Divinidad. |
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