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(1053-1590) 
 
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"El enamoramiento" en el sexo contrario es la suprema adoración de sí mismo del ser, y engendra la llama del odio o "soplo de vida" en las manifestaciones de la oscuridad, y hace que el hijo de Dios se crea uno con "la muerte" en vez de con "la vida"  1233. Es cierto que esta adoración se presenta camuflada como un "enamoramiento" en el sexo contrario. Pero, ¿por qué "enamorarse" de este sexo? ¿No es, precisamente, porque el contacto con este sexo o su posesión es el gozo más elevado que hay para el ser? ¿No se convierte esto en un hecho cuando esta posesión fracasa, cuando no tiene lugar ninguna correspondencia por parte del ser del sexo deseado, y cuando otro ser, por ejemplo, se convierte en rival con respecto al ser de sexo contrario que se quiere poseer? "El fuego supremo", ¿no surge aquí con una nueva llama, a saber: la de "los celos" o del "odio"? Y este odio, ¿no se convierte, precisamente, en "el soplo de vida" o fuerza sustentadora o vivificadora de todas las tradiciones especiales del reino animal? "La llama del odio", ¿no se convierte, precisamente, en las innumerables variaciones de imperfección, dolor y sufrimiento que, conjuntamente, constituyen la gran hoguera que denominamos "infierno", el fuego sobre la Tierra que denominamos "día de juicio final", o el contraste a la originaria luz celestial que denominamos oscuridad, y en virtud de la cual el ser ya no puede ver a su Padre celestial y, de este modo, ha perdido la imagen de sí mismo como "hijo de Dios", es más, incluso ha perdido la conciencia de su propio yo inmortal y se cree idéntico a las cosas creadas? Como las cosas creadas no son eternas, dado que están sujetas a un comienzo y un final, lo cual quiere, a su vez, decir que son perecederas o "mortales", el ser se cree, de este modo, uno con la muerte en vez de con la eternidad o la vida eterna, que es por sí mismo. En verdad, no puede tener lugar un mayor contraste u oposición a la realidad o verdad absoluta.


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