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Las diversas actitudes mentales de los seres hacia las leyes de la sociedad no pueden ser reemplazadas por un mandato o una ley  1240. Los seres o ciudadanos para quienes las leyes de la sociedad o las prohibiciones de "robar, "estafar" y "vengar" no tienen un efecto opresivo, dado que estos seres no tienen ninguna tendencia en absoluto en esta dirección, convierten en un hecho que hay otra cosa que transforma la psique y la actitud de los seres hacia la vida que, precisamente, las leyes de la sociedad con su cárcel y "castigo". Por lo que respecta a estos seres, no necesitan en absoluto las leyes de la sociedad. Llevan la realización de estas leyes en su corazón, su entendimiento y su ser, del mismo modo que, naturalmente, también son estos seres quienes en mayor o menor grado son el alma o fuerza en la creación y mantenimiento de las más altas de estas leyes. Esto no significa, desde luego, que todos "los políticos" y "los que hacen las leyes" sean ángeles, al contrario, un considerable número de éstos todavía sólo son "políticos" por asuntos egoístas y, por consiguiente, con vistas más o menos "criminales", es decir, por interés de que se lleve a cabo algún proyecto de ley, perjudicial o amoral para la sociedad, pero, naturalmente, beneficioso para la satisfacción egoísta del partido de estos "políticos". Esta clase de "políticos" son, como quien dice, genios en disfrazar su "política", que en realidad es de dudosa moralidad, presentándola como bienes directamente imprescindibles para la sociedad, indiferentemente de que se trate de robo por vía "diplomática" o militar de valores especiales y privilegios o bienes naturales de otros estados, sus materias primas, minerales o territorios, puertos y ciudades, etc. especialmente ventajosos, o se trate de conseguir la satisfacción de deseos especiales altamente egoístas en los territorios de su propio país y a costa de sus ciudadanos menos afortunados. Que "políticos" así, todavía con características "animales", son verdaderamente los mayores "delincuentes" de la sociedad y son el mayor impedimento para que los otros "políticos" puedan crear verdadero humanitarismo y verdadera cultura en la relación del estado tanto con el extranjero como con sus propios asuntos internos, la vida cotidiana y el bienestar de sus ciudadanos se manifiesta con creces como un hecho en "el fuego del infierno" que lo arruina y consume todo, que, bajo muchas y diversas formas evidentes y disfrazadas, desencadena lo que llamamos "guerra", formando parte de ella también "la guerra civil".
      Si todos llevasen en su corazón o en su modo de ser cotidiano el empeño de la realización de una mentalidad social verdaderamente altruista o de amor al prójimo frente a sus semejantes y su medio, ¿cómo podrían entonces tener lugar todas las intrigas "políticas" y los desencadenamientos de un poder desconsiderado y extraordinariamente ventajoso para determinados partidos concretos? Pero, por lo demás, aquí tenemos que remitir al capítulo cuarto de esta obra, en el que se muestra el estudio del análisis principal del futuro orden social perfecto, natural. Si nos hemos referido a estos temas aquí ha sido solamente para recordar que la psique del individuo no puede transformarse con fuerza bruta y grosera. No puede dirigirse en una dirección determinada por medio de una orden o una ley.


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