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| La esfera del "hombre rico" no es una expresión del "favor" de la Providencia, del mismo modo que la esfera del "hombre pobre" tampoco es, de ninguna manera, una expresión del "disfavor" o "castigo" de la Providencia o Divinidad. Ambas esferas constituyen, al contrario, un eslabón absolutamente indispensable en la vivencia por el hijo de Dios de las experiencias, sin las cuales la creación de una sociedad absolutamente perfecta sería imposible en la posterior evolución de la humanidad terrena. "La esfera del hombre rico" sólo puede modificarse poco a poco |
1289. Hay, sin embargo, que observar o establecer que el análisis arriba mencionado no quiere decir que no haya personas humanitarias, amables y amorosas en la zona de conciencia denominada de posición "social alta" o buena económicamente.
Al contrario, aquí también hay, evidentemente, personas evolucionadas.
Y, naturalmente, ni en esta zona ni en las otras zonas podemos "medir a todos con el mismo rasero".
E realidad, no queremos en absoluto acabar con nada ni nadie.
No es para perseguir o recriminar a ningún ser concreto que hemos tenido que presentar dicho análisis.
El hombre rico, concreto de hoy se encuentra frecuentemente en la situación de que, por el momento, se ve obligado a tener que permanecer en su esfera, aunque quizá desee una existencia totalmente distinta.
Abandonar esta esfera puede, de este modo, ser una barrera infranqueable para sus fuerzas, puede ser momentáneamente un "mal" mayor que permanecer en ella.
Aquí tiene quizá su familia y a sus mejores amigos, sus relaciones y encuentros "conforme a su clase social", del mismo modo que toda su educación se adapta a esta esfera.
Apartar a las personas ricas de su ambiente es arrojarlas a un abismo.
Cada sistema, cada código de leyes que dicte la repentina ruina económica o privación de bienes de estas personas representa una brutalidad y una ignorancia cósmica que no es de ninguna manera menor que la que se encuentra en la base de la tradición milenaria del sistema y su actual legalidad.
La legalización y el alto estándar actual del sistema de creso o millonario actual no es nada que haya venido repentinamente, sino que ha venido exclusivamente por medio de crecimiento o evolución.
Y la evolución no hace nada a saltos.
No hay ningún niño al que, para que crezca rápidamente, se le permita saltarse tantos o tantos años restantes de su vida.
No se cumplen treinta años viviendo sólo quince.
Del mismo modo, uno tampoco se convierte en un "ser iniciado" o un "Cristo" saltándose este o aquel estado evolutivo, indiferentemente de que represente la esfera del hombre rico o del hombre pobre, o de que represente "el principio mortífero" en forma del consumo de la carne y sangre de semejantes, o de que manifieste el mismo principio en forma del ámbito de la guerra y del odio.
Todo sistema, tanto político como religioso, que se base en la comprensión de esto y, por consiguiente, esté en contacto con la ley de la evolución estimule y fomente únicamente un cambio humano y gradual de las condiciones sociales del estado menos perfecto al estado más perfecto, tendrá éxito.
Todo sistema, que en cambio con gran poder, brutalidad y violencia repentinamente quiera transformar una sociedad o una esfera evolutiva, es como una fuerza que sólo consigue estancar un río, que tarde o temprano hará saltar sus presas y se abrirá nuevos caminos todavía más nocivos o desafortunados, es más, quizá inunde esta sociedad y ocasione su destrucción total.
Como ya hemos dicho, nuestro análisis expuesto aquí de la esfera de la oscuridad no tiene, por lo tanto, que ser de ninguna manera una persecución del "hombre rico" ni de los seres "consumidores de carne", sino al contrario sólo constituir un análisis verdaderamente sobrio o verídico de hechos que contribuyen a hacer realidad "la muerte" espiritual que tenía que ser la consecuencia del "disfrute del árbol de la ciencia".
Y un análisis sólo es verdaderamente "sobrio" o "verídico" cuando no está de ninguna manera disfrazado ni adornado, cuando en él no hay exageración ni se ha ocultado en mayor o menor grado nada.
Y el análisis que hemos descrito más arriba es, de este modo, el polo extremo de las consecuencias de la infracción de la ley del amor al prójimo a las que hay entrada por medio del sistema social heredado, tal como verdaderamente de vez en cuando se muestra como hechos.
Pero se da, naturalmente, por descontado que no todos los hombres terrenos representan el polo extremo o el máximo grado de infracción de la ley del amor al prójimo, que nuestro análisis expresa, sino que en mayor o menor grado se acercan fuertemente al polo extremo contrario: el cumplimiento de la ley del amor al prójimo.
Con respecto a poseer grandes bienes materiales o riquezas, hay que comprender que esto no expresa ningún favor especial por parte de la Providencia, ni que uno tenga en un grado especial la gracia de la Divinidad. Este destino sólo se tiene exclusivamente porque es un eslabón absolutamente imprescindible en la propia evolución. Que se sea pobre, desde el punto de vista material tampoco significa, evidentemente, que se haya caído en desgracia ante la Divinidad o Providencia. Este destino es, naturalmente, un eslabón igual de imprescindible en la propia evolución. Ambas formas de destino citadas le dan, claro está, al hijo de Dios las experiencias sin las cuales le sería imposible participar en la construcción de una sociedad verdaderamente perfecta en la posterior evolución de la humanidad, dejando aparte que sin experimentar este destino jamás podría alcanzar "la iniciación" o "el gran nacimiento". |
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