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(1053-1590) 
 
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Los hombres terrenos tienen una base muy grande para comprender que los ideales de la nueva época mundial son lo más elevado, dado que tienen la visión de conjunto total sobre el hecho de que los ideales de la antigua época mundial sólo han podido causar una guerra permanente entre los seres vivos, que va desde el cáliz apresador de la planta carnívora hasta "la bomba atómica" del hombre terreno. Toda la esfera del hombre terreno, desde el estadio de hombre mono hasta Cristo es un campo de batalla  1365. Los hombres terrenos tienen posibilidades reales para juzgar que precisamente es esta forma de mentalidad la que tiene que convertirse en la salvación del mundo, porque esta mentalidad se convierte, claro está, en un hecho por medio de la circunstancia de que hoy el mundo está precisamente gobernado en un grado abrumador por el principio contrario, o sea, por la mentalidad que se le atribuía a la Divinidad, es decir, los ideales del "Antiguo Testamento" que se concentran en la ley de Moisés: "ojo por ojo y diente por diente". El mundo está gobernado por la venganza y el castigo o principio de la represalia. Se mantiene vida en "la oscuridad" o el "mal" del mundo multiplicándolo o manteniéndolo. Cuando se ha cometido una "mala" acción, quien la ha cometido tiene que ser castigado con un "mal" correspondiente. Es cierto que "el mal" con que se castiga no es considerado "mal". Se concibe, al contrario, como totalmente legal o autorizado como "justicia". Pero, ¿son los hombres felices de este modo? ¿No están todavía en guerra de hombre a hombre, del mismo modo que las naciones y los estados están en conflicto los unos contra los otros? Y esta guerra, ¿no sigue siendo una pesadilla para los hombres? ¿Ha desaparecido alguna vez totalmente de la esfera mental de los hombres terrenos? No, "la guerra" no es algo que simplemente existió a partir de una fecha determinada o que existió tantos y tantos años entre este o aquel pueblo. Es un despliegue ininterrumpido o permanente de fuerza a favor de toda la desarmonía que va desde el incipiente cáliz apresador de la planta carnívora hasta "la bomba atómica" del hombre terreno. En todo el panorama evolutivo, que va entre estos dos jalones de la diversidad de vida terrena de los seres vivos, "la guerra" jamás ha terminado totalmente. Y los hombres terrenos tienen hoy una base muy grande para poder contemplar los tiempos pasados y ver lo que en su existencia terrena esta "guerra" les ha costado únicamente de mutilación, enfermedad, muerte y asesinato, dolor, lágrimas y hastío de vivir, dejando aparte la forma de existencia sangrienta por la que pasaron en su existencia especialmente animal en los organismos puramente animales con dientes y garras como instrumentos especiales de ataque y defensa.
      Toda la esfera de la humanidad terrena, desde las primeras formas humanas todavía semejantes al mono y hasta el perfecto ser-Cristo, es, así pues, en sí misma un verdadero "teatro de la guerra". No es ningún lugar verdadero para la atmósfera luminosa de la paz. No es curioso que el redentor del mundo dijera que "su reino no era de este mundo". "Este mundo" es, precisamente, la verdadera esfera del "día de juicio final" o de "la guerra". Como sabemos, esta esfera, a pesar de que en ella culmina el horror u oscuridad de la vida, también es la mano tendida de la Providencia o Divinidad dirigiendo al ser vivo, de hecho es el crisol en el que transforma al "animal" en "hombre". Sin esta esfera oscura, "Adán" jamás habría podido mostrarse a "imagen y semejanza de Dios".


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