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| Por qué "el reino de los cielos" en la zona física de la Tierra está condicionado por la transformación sexual del hombre terreno | 1571. Para que la humanidad terrena pueda ser arropada por "el reino de los cielos" en la zona física, "el amor al prójimo" tiene que convertirse en una función orgánica innata en sus seres, independiente de la voluntad, exactamente igual que la simpatía hacia "el sexo contrario" y la antipatía hacia "el propio sexo" es una función orgánica. Y esta función orgánica del "amor al prójimo" tiene entonces que desencadenar en el individuo el deseo de experimentar "el paraíso" con cualquier hombre semejante. Este hombre semejante tiene, por consiguiente, que constituir un "sexo" que pueda satisfacer este deseo. Pero un "sexo" así no puede de ninguna manera ser "sexo masculino" ni "sexo femenino", porque entonces la ley del amor al prójimo, que exige amor al "prójimo", es decir, se trate de quien se trate, no podría, claro está, cumplirse. Pero un "sexo" que no es "sexo masculino" ni "sexo femenino" sólo puede ser el sexo o ser, del que hemos hablado anteriormente, en el que ambos polos sexuales, "el masculino" y "el femenino" tienen la misma capacidad. Si esta doble polaridad del ser tiene que indicarse con un "sexo", esto sólo puede suceder denominándolo "sexo común". Pero en el momento en que el principio sexual o "el fuego supremo" transforma poco a poco, a través del principio denominado ciclo, a todos los hombres terrenos en "un sexo", elimina así la raíz del "deseo de propiedad" de la mentalidad de los seres. Cuando "el sexo contrario" ya no existe, no puede haber rivalidad por la posesión de los seres de este sexo. Pero como todas las otras formas de "deseo de propiedad" o "necesidad de poseer" sólo son, en realidad, ramificaciones o estribaciones del deseo sexual dirigido hacia "el sexo contrario", con el perfeccionamiento del "nuevo sexo" estas formas también desaparecen totalmente. Con la transformación de la estructura orgánica sexual todo el fundamento de la rivalidad de los seres animales frente a semejantes y bienes se marchita o desmorona totalmente. Toda guerra, tanto entre estados como entre individuos concretos se ha convertido así en imposible. |
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