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(1053-1590) 
 
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El limitado conocimiento del hombre terreno y la consiguiente superstición de que constituye la más alta forma o manifestación de vida del universo, y las consecuencias de ello  1586. La figura sin color, que se extiende desde el reino de la bienaventuranza a lo largo del reino vegetal y el peldaño del reino animal tocando el límite del auténtico reino humano, simboliza el conocimiento humano corriente sobre el propio ciclo de espiral o la estructura de la verdadera vida eterna. Dado que, tal como la figura muestra, los hombres terrenos comunes sólo pueden ver la estructura de esta vida eterna en la zona local que se extiende desde la parte cristalizada o condensada del reino de la bienaventuranza, que es lo mismo que el reino mineral visible, y luego sólo pueden ver el reino vegetal y el reino animal, en el último de los cuales aparecen ellos mismos como "las criaturas" más importantes, creen que constituyen toda la vida del universo. El resto de fuerzas de la naturaleza y centros de energía, tal como los planetas, los soles y las galaxias son, de este modo, para ellos fuerzas casuales muertas o sin vida. Pero como estas fuerzas representan, precisamente, la eternidad, dicho concepto del mundo o modo de comprender la vida revela, claro está, al hombre terreno como un adorador de "la muerte". ¿Qué es el conocimiento que tiene una combinación de energía o una vida terrena entre setenta y cien años en relación con el resto del universo o el océano de energía que expresa "la eternidad"? Una vida terrena así, ¿no tiene que desaparecer en el océano infinito de los siglos, de miles de años, de millones de años, de trillones de años y así sucesivamente? ¿Qué puede aportar un hombre con su creación en el espacio de tiempo tan pequeño que cien años representan? De hecho, aunque el ser en cuestión haya sido rey o haya sido elegido presidente o jefe de estado varias veces, haya creado pirámides, palacios y templos, que han podido resistir a la acción del tiempo a lo largo de miles de años, ¿podrán estas aportaciones llegar a ser alguna vez otra cosa que una "motita de polvo" ante el proceso creador eterno, que se manifiesta en el exterior, y ante quien lo origina? Creer que esta motita de polvo es la más alta vida existente en el universo, el más alto centro de conocimiento o experimentación consciente existente, creer que esta realidad de setenta o cien años es la vida, mientras los fenómenos extraños de billones de años son "la muerte", es lo mismo que venerar o practicar "la muerte" en vez de la vida. Si una zona tan pequeña de vida como la de la humanidad terrena tuviera que ser la más alta expresión de pensamiento y voluntad del universo, esta vida, con su incomprensible pequeñez con respecto a la infinidad y eternidad del resto del universo, tendría que desaparecer de los sentidos como una motita de polvo invisible igual que una "nada", dejando el universo como un coloso sin vida, una hoja caduca lanzada aquí y allí por la casualidad de las tormentas de otoño. En verdad, una concepción sin esperanza de la vida eterna, en la que "vivimos, nos movemos y somos", pero un contraste o trasfondo digno de esta vida es la forma de "conciencia cósmica", que deja que "la motita de polvo" se experimente a sí misma como la eternidad, como el infinito, como la localidad o temporalidad, como lo creado y revelando con ello la identidad de la muerte como un simple contraste "imaginario" o "creado" del yo o del eterno ente del ser vivo, un detalle subordinado de su eterna voluntad, experimentación y manifestación.


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