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(1591-1938) 
 
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El acontecimiento del paraíso bíblico no fue ni «la caída del primer hombre», ni «la expulsión del paraíso», ni «la seducción» al «pecado»  1711. Cuando la Biblia cuenta que «Adán» y «Eva» fueron arrojados del paraíso, porque «Eva» comió la manzana del árbol de la ciencia y también le dio a «Adán» a comer de la fruta prohibida, en realidad no se trata de «Adán», sino únicamente de «Eva», es decir, del «hombre» y «la mujer» o del ser de sexo masculino y del de sexo femenino. Fueron estos dos seres los que fueron «expulsados» del paraíso. Pero, como ya sabemos, no fueron de ninguna manera «expulsados» del paraíso. Dejaron atrás el paraíso debido a su propio deseo, sus propias ganas y su añoranza. Lo que se denomina «expulsión del paraíso» no fue ni castigo ni venganza de la Divinidad, sino una respuesta amorosa a estas ganas o este anhelo. Fue un cumplimiento amoroso de las leyes de la vida, absolutamente necesario para «Adán», el ser cósmico agonizante que ahora sólo vivía exclusivamente a base de sus recuerdos de las experiencias de un ciclo de espiral anterior, para así prepararse para poder salir de nuevo al mundo exterior y allí experimentar los fenómenos en los que se basa la vida eterna. Adán estaba, de este modo, encerrado en la zona de sus propios recuerdos o mundo interior, totalmente excluido de la relación con los seres verdaderamente vivos de su entorno y los detalles del mundo exterior. Cuando estos recuerdos se habían revivido de nuevo, la manera de concebir la vida habría tenido que detenerse para Adán si, precisamente, las leyes eternas no hiciesen que lo sobrante de la energía de éxtasis de las experiencias hechas por Adán en su mundo interior fueran dirigidas al mundo exterior, y allí comenzasen a crear las raíces para que el yo de Adán se preparara para desvincularse del reino de la bienaventuranza, en beneficio de una incipiente esfera de experimentación en un nuevo ciclo cósmico de espiral. La presunta «caída del primer hombre» no fue ninguna «caída» en absoluto, sino una iniciación a una nueva vida, de la misma manera que la tentación a Eva por la serpiente no fue ninguna tentación, sino un estímulo al incipiente ser de sexo masculino y de sexo femenino para esta iniciación. La serpiente no era ningún «diablo» ni «el mal» en un sentido absoluto, porque algo así no existe de ningún modo. La serpiente fue, al contrario, la primera forma incipiente de conducción de los seres vivos a través de las esferas de la muerte. El concepto «serpiente» expresa la primera forma de despliegue del principio de la redención del mundo. Por consiguiente, la serpiente fue, como ya hemos indicado en «Livets Bog», el primer redentor del mundo.


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