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(1591-1938) 
 
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A pesar de la persecución con castigo, calumnia y deshonra, la evolución sexual ha salido del recinto de ideas morales milenarias  1737. ¿Dónde y por quién es valorada y aprovechada en toda su pura y noble divinidad la función orgánica sexual? ¿Se presenta esta función sin ninguna mancha en el matrimonio, donde es tolerada y reconocida, en cierto grado, como la voluntad de Dios por el guardián de la moral y por el clero? No, no necesitamos repetir las aflicciones y sufrimientos de la esfera matrimonial, de que ya hemos dado cuenta en anteriores apartados de «Livets Bog» y que hemos tenido que denominar «zona de los matrimonios desdichados». Ningún hecho es más dominante que el de que ni la iglesia, la cárcel o la deshonra han podido impedir que la vida sexual se escapase del recinto o embalse de todas las habituales ideas morales milenarias. La vida sexual se puede comparar hoy con un río que ha roto sus diques y ha salido de su cauce milenario como órgano físico de fecundación. Todos los intentos humanos de encarcelamiento y castigo, basados en ideas morales, además de la deshonra, las habladurías y calumnias que han sido una camisa de fuerza o muro alrededor de los dogmas sexuales milenarios, pero desde hace tiempo anticuados, han sido incapaces de impedir la evolución sexual o transformación polar del hombre terreno. De hecho, lo que delimitaba toda esta colección de resistencia contra la evolución normal y abierta del principio sexual hace tiempo que ha sido roto por esta fuerza psíquica interior que, en sí, es la evolución sexual del hombre. La vida sexual rompe por todas partes los diques dogmáticos de la moral. Ninguna fuerza humana puede impedirlo. Por consiguiente, lo más sensato será aceptar que aquí la voluntad divina tiene que cumplirse totalmente.


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