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(1591-1938) 
 
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El amor al prójimo, como una función orgánica de los seres, es la luz salvadora en la oscuridad  1807. ¿Qué puede ser luz en esta oscuridad? Es, así pues, un hecho que ni el cristianismo de iglesia ni la ciencia materialista moderna pueden ser esta luz. Ninguno de ellos tiene contacto con las realidades que pueden ser esta luz en la actual oscuridad de la humanidad. El día de juicio final, el cataclismo que tenía que caracterizar «los últimos tiempos», es decir, el fin de «la vieja Tierra» y «el viejo cielo» a favor de la creación de un «nuevo cielo» y una «nueva Tierra», en la que vive la justicia, ha llegado. Esto no hay, naturalmente, que comprenderlo como que va a tener lugar una catástrofe mundial con la destrucción de la Tierra como consecuencia, no es así, al contrario, sino que significa en cambio que la vieja moral mundial, el concepto animal de la vida y la correspondiente repartición animal de los bienes materiales del mundo se dirige hacia su degeneración y descomposición. Estos fenómenos tradicionales desaparecerán a favor de un conocimiento mundial nuevo y absolutamente justo a través del «espíritu santo» o ciencia del espíritu. Esta nueva ciencia y su compenetración con el modo de ser práctico, físico y psíquico es «el nuevo cielo» y «la nueva Tierra» respectivamente. La humanidad terrena se encuentra, por consiguiente, junto a la encrucijada anunciada por los grandes sabios, profetas y redentores del mundo. La transformación del animal en el hombre perfecto es inminente. El dominio del amor al prójimo, donde todos viven para todos, está a punto de conquistar y ocupar la psique animal del hombre terreno, en la que todos viven en guerra contra todos. «La nueva Tierra» se manifestará a través de una nueva administración material de los bienes del mundo, de los que todos se favorecerán en el mismo grado, mientras «el nuevo cielo» es una nueva concepción del mundo sostenida por una disposición para la simpatía nueva, perfecta que estimula el amor al prójimo. Esta estimulación del amor al prójimo no será simplemente un acto de voluntad, sino una función orgánica natural, del mismo modo que el instinto de apareamiento animal o la estimulación de la procreación y sobrevivencia de las especies. La luz, que va a poder alejar la oscuridad del hombre terreno actual y extender su profusión de rayos o calor mental sobre el mundo, no puede seguir siendo un simple sermón moral y prescripciones dictadas sobre que hay que ser de una u otra manera. Tiene que ser una función orgánica que lleva a los seres a amar a su prójimo, del mismo modo que funciones orgánicas los llevan hoy a comer y beber, los llevan a buscar aire fresco y luz para el mantenimiento de su vida.


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