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| Matrimonios que se basan más en el principio económico y en otros fenómenos que en el propio principio de apareamiento | 1825. Si observamos a los hombres civilizados, vemos que entre los más grandes artistas, actores de cine, escritores, escultores y pintores activos de ambos sexos, que son económicamente independientes del cónyuge, tienen lugar una gran cantidad de divorcios. Que entre la gente en general todavía tendrían lugar más divorcios que los que tienen lugar, si los cónyuges no dependiesen el uno del otro, se da, naturalmente, por supuesto. La dependencia económica del cónyuge, en la que la mayoría de mujeres se encuentran en el matrimonio, es un obstáculo para que muchas mujeres busquen un divorcio deseado. Un divorcio así significa frecuentemente que la mujer, que a veces tiene cierta edad, tiene que buscar trabajo, buscar un empleo, ser una criatura subordinada, una mujer de limpieza, una trabajadora de fábrica o una oficinista, siempre de acuerdo con las aptitudes que la persona en cuestión posea. Y el asunto se hace todavía más inseguro y dudoso, debido a que el desempleo es un fantasma permanente en tiempos de paz que hace que las generaciones de edad no tengan, naturalmente, ninguna oportunidad especial de trabajo, mientras haya la cantidad suficiente de jóvenes para ocupar o llenar los puestos vacantes. En una situación así, la mayoría de esposas prefieren más bien permanecer en el matrimonio, aunque esta vida común considerada como matrimonio haga tiempo que es una ruina. Que en la tan elogiada civilización y cultura moderna hay miles de matrimonios así, que en realidad sólo son una ruina de algo que existió una vez, puede suponerse que es un hecho general. Que en muchas situaciones el esposo se vea, así mismo, tan impedido para un divorcio deseado, debido a que sigue teniendo total o parcialmente obligación alimenticia para con la otra parte, que prefiere permanecer en el matrimonio o, directamente, se ve obligado a ello, puede también suponerse que es un hecho general. Por consiguiente, aquí se comprende que el número de divorcios, que estadísticamente se dan como norma, no constituyen en absoluto todos los matrimonios, que en realidad psíquica o espiritualmente ya están disueltos, pero sólo se mantienen unidos por disposiciones económicas forzadas y en consideración a los hijos del matrimonio. |
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