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(1591-1938) 
 
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«El hombre-E»  1866. Al próximo tipo de seres de la zona de transformación de la sexualidad lo llamaremos «hombre-E». Estos hombres son seres, cuya orientación sexual oscila entre su propio sexo y el sexo contrario. Pueden tener periodos en los que se orientan hacia su propio sexo, para luego tener periodos en los que se orientan hacia el sexo contrario, para volver de nuevo a su propio sexo y así sucesivamente. Es muy poco frecuente que estos seres establezcan una vida matrimonial común. Y, en el caso de que esto suceda, no son, naturalmente, demasiado felices, del mismo modo que tampoco son felices fuera del matrimonio. Son seres en los que la estructura del polo contrario está a punto de penetrar en su conciencia diurna despierta. Este hombre está, de este modo, a punto de adquirir conciencia de su propia naturaleza femenina, igual que la mujer está, del mismo modo, a punto de adquirir conciencia de su naturaleza masculina. Este estadio evolutivo es, en sí mismo, bastante normal y no creará ninguna situación especialmente desagradable para el hombre o la mujer cuyo intelectualismo, moral y relación con Dios estén por encima de ello. Un individuo así no escandaliza a sus semejantes con su naturaleza especial. Es demasiado sensato para no ser capaz de crear un cierto contacto entre él y su entorno, de modo que su naturaleza no llame demasiado la atención y despierte antipatía y aversión en otros hombres o en los presuntamente «normales». De hecho, su entorno casi no descubrirá la naturaleza de estos seres, aparte de que generalmente viven solteros. Debido a que su polo contrario está despertando tienen grandes esferas de interés en el ámbito del arte, la literatura y la música y, a veces, también de la ciencia. Muchos de estos seres aparecen, por lo tanto, como grandes artistas, genios o virtuosos, mientras otros en ocasiones se han entregado a lo religioso, llegando a ser sacerdotes o líderes de movimientos religiosos, etc. Lo que está en vigor para todos es que su estándar moral y su relación con Dios es de una estructura tal, que los protege contra cualquier desviación y los mantiene, de este modo, dentro de la línea recta y natural de evolución. Si estos seres tienen relaciones sexuales con seres de su propio sexo, esto tiene lugar de una manera muy íntima y desinteresada y sin ninguna tendencia en absoluto al enamoramiento, ningún deseo de una vida en común con todas las angustias que se desprenden de ella.


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