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| La especial moral de amor al prójimo y total transformación sexual con conciencia diurna del hombre-I | 1881. El hombre-H avanzado pasa, poco a poco, imperceptiblemente a convertirse en un «hombre-I». Este ser culmina en conducta humana, moral. Su talento de amor al prójimo es tan abrumadoramente dominante, que una desviación es aquí totalmente imposible. No tiene, simplemente, corazón para crear desdichas, dolor o sufrimiento de ningún tipo para otros seres. Considera como algo natural resignarse, prescindir y sufrir, si así puede hacer felices a otros. Su actuación humana y con amor al prójimo en relación con su falta total de facultad de enamorarse revela que este ser está muy avanzado en la transformación de sus polos sexuales. Su polo contrario aparece de una manera casi tan destacada en su psique como su polo ordinario. El último velo sexual, que antes era una protección contra la intrusión de las funciones sexuales del polo contrario en la conciencia diurna despierta, ha caído ahora. El ser ha adquirido así conciencia de su polo contrario y ahora puede sentir o percibir separadamente en el dominio de este polo. Pero debido a su extremadamente gran talento para el amor y la consiguiente actitud humana hacia el prójimo y el entorno, no molesta a nadie en absoluto con su especial orientación sexual. Su exigencia sexual jamás se manifestará ni será satisfecha en circunstancias que signifiquen malestar, dolor y sufrimiento para cualquier otro ser. Considera como algo natural resignarse, prescindir y sufrir, si es en situaciones en que es necesario para hacer a otros felices. Su conducta humana y llena de amor al prójimo en relación con su falta total de facultad de enamorarse revela, precisamente, que la transformación sexual total del ser es completa. Su estructura simpática y su orientación ya no se limitan al polo ordinario o a la zona del sexo contrario. Ahora puede, también con conciencia diurna despierta, experimentar bienestar sexual a través de las funciones del polo contrario. Pero sus exigencias sexuales, que son el resultado de esto, jamás serán satisfechas a costa de la felicidad y bienestar sexual y material de otros. Prefiere más bien renunciar a satisfacer su deseo sexual que iniciar relaciones sexuales de carácter dudoso. Y si a pesar de todo se viera envuelto en una situación sexual, donde dominase la falta de armonía, el malestar y la degradación, podemos estar seguros de que esto ha tenido lugar bajo condiciones basadas en el disimulo, lisonjas egoístas y promesas poco honestas no cumplidas o acuerdos no llevados a cabo por la otra parte. Un hipócrita sexual así de refinado se puede generalmente encontrar entre chantajistas, estafadores o seres de ambos sexos desviados moralmente de forma crónica. Todos estos seres son más o menos expertos en simular cuando, con ello, pueden obtener un beneficio material. Nada es sagrado para estos aventureros antisociales o moralmente defectuosos, ni siquiera la violencia y el asesinato. A veces se necesita tener un gran conocimiento de la naturaleza humana y un gran equilibrio espiritual para no dejarse engañar por un camaleón inmoral así y, en particular, porque un ser así, a pesar de su más o menos manifiesta desviación es, sin embargo, tan unipolar, que sigue manteniendo la apariencia de pertenecer a los seres presuntamente «normales» sexualmente. |
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