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(1591-1938) 
 
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La transformación de los polos sexuales intensifica el principio mortífero, pero es regulada por el principio del ciclo de la espiral y conduce al ser vivo de nuevo a la luz  1901. Cuando en el hombre la fuerza sexual humana se mezcla con la fuerza sexual animal de modo desenfrenado, los principios animales adquieren una forma sobredimensionada, es decir, el despliegue del principio mortífero se refuerza. La causa de la diferencia que hay entre las guerras que tienen lugar entre los hombres y las luchas conflictivas internas de los animales es, de este modo, una desenfrenada mezcla de las dos formas de fuerza sexual ya existentes en todos los hombres terrenos actuales (la sexualidad unipolar y bipolar). Mientras las luchas conflictivas de los animales sólo pueden tener lugar por medio de órganos naturales de defensa o protección construidos en sus organismos, las luchas conflictivas o cuentas pendientes de los hombres tienen lugar mediante aparatos colosales y sofisticados, con los cuales la capacidad de lucha normal innata de la naturaleza es reforzada millones y millones de veces. En virtud de que su naturaleza animal domina la fuerza de su incipiente polo contrario que, entre otras cosas, tiene una futura naturaleza altamente intelectual, el hombre terreno ya puede, por consiguiente, desplegar en un estadio temprano una tendencia tan mortífera y una técnica tan destructiva que impediría totalmente toda existencia humana en la Tierra y, con ello, se destruiría a sí misma, si un poder superior no impidiese una destrucción así por medio de las leyes del principio eterno del ciclo de la espiral. El principio eterno del ciclo de la espiral regula, claro está, todas las relaciones de contraste creando exactamente la relación entre luz y oscuridad, frío y calor, verano e invierno, día y noche, mal y bien, amor y odio, etc. de un modo tal que la vida se convierte en una «experiencia» y no en una «nada». El principio del ciclo de la espiral garantiza, de este modo, que la vida no sea una noche eterna, un invierno eterno, un infierno eterno y, con ello, una muerte eterna, y que estos fenómenos sólo se desplieguen en la experimentación del ser vivo únicamente con la fuerza o en el ámbito que son absolutamente necesarios para poder crear el fondo oscuro sobre el que la luz, el día, el verano y el paraíso o una vida en el amor puedan destacarse y, así, ser accesibles a la percepción o experiencia. Las guerras mundiales o el infierno, la oscuridad mental que en la actual centuria martiriza a la humanidad terrena alrededor de todo el mundo se deben, por lo tanto, únicamente a que las tendencias animales de su conciencia están dominadas por las fuerzas del polo contrario de su naturaleza incipientemente humana, pero dominada por la irradiación de energía de las tendencias animales. Pero el polo contrario seguirá evolucionando y su energía o fuerza, es decir, la conciencia verdaderamente «humana», que es lo mismo que «conciencia cósmica» o «el espíritu santo», se volverá superior a la mentalidad o espíritu animal o mortífero. Entonces el reino humano triunfará sobre el reino animal, el paraíso sobre el infierno, la vida sobre la muerte. Y entonces el hombre absolutamente perfecto u «hombre a imagen de Dios», el ser de amor perfecto se convertirá en el tipo de ser dominante en los mares y continentes de la Tierra, y el reino de Dios se extenderá por todas sus esfera o zonas.


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