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| El control del destino en virtud del cual Cristo pudo decir que incluso todos los cabellos de nuestra cabeza están contados | 2452. Cuando un hombre vive, en mayor o menor grado, en un estado o destino desdichado, esto se debe, como ya hemos dicho, a la total ignorancia sobre la verdadera estructura de la creación de destino y la estructura eléctrica o espiritual de la propia psique. Es esta estructura espiritual o eléctrica la que automáticamente hace que cada ser experimente, precisamente, los efectos de su manera de ser en forma de destino o retribución. Esta misma estructura eléctrica hace, así, que se esté protegido contra el mal que uno mismo es incapaz de causar a otros. Contra el mal que se causa a otros no se está, a la larga, protegido en absoluto. Tarde o temprano le llegará el momento de la retribución. Y vemos que el destino de todos los hombres no iniciados consiste, en muy alto grado, en la experiencia de los efectos de regreso de una manera de ser mala, llevada a cabo en el pasado, en esta vida o en encarnaciones o vidas pasadas. La estructura vital o destino de cada ser está, así, bajo un control único que todo lo abarca. No es extraño que el redentor del mundo, Cristo, pudiera decir que incluso los cabellos de nuestra cabeza están contados. En esto no hay ninguna exageración en absoluto. Y podemos añadir que cada pequeño granito de arena junto al mar está bajo el mismo control divino y jamás puede salir de él. Si solamente una pequeña motita de polvo pudiera posarse al azar, todo el universo estaría en desorden, es más, ni siquiera habría nada llamado «seres vivos», no habría nada llamado «conciencia». Nuestro yo existiría, pero nunca habría llegado a experimentarse a sí mismo. Seríamos «algo que es» eternamente no manifestado. No habría ningún universo y ningún conocimiento sobre nada. Lo que hoy conocemos como universo, soles y constelaciones de estrellas llenas de vida, manifestaciones y creaciones sólo existiría como una «nada» eterna. |
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