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La estructura principal del universo sólo puede conocerse por experiencia propia por medio de la conciencia cósmica  2523. El camino continuo de la humanidad en dirección hacia el gran objetivo divino: el hombre y el reino humano a imagen y semejanza de Dios, o sea, como se ha dicho, la transformación psicológica del hombre inacabado para convertirse en el hombre totalmente perfecto, es, así, fomentado por el gran número de experiencias a que han dado lugar los procesos de oscuridad y sufrimiento del día de juicio final. Este gran número de experiencias hace surgir en los hombres la facultad humana, es decir, la facultad de no ser capaz de hacer el mal. Al mismo tiempo que crece esta facultad, crece el deseo o anhelo de ser bueno y, con ello, la receptividad para, precisamente, una orientación para una manera de ser verdaderamente buena y perfecta. Aunque la facultad humana crece y lleva al hombre a sentir repulsión hacia el mal, no le podrá dar ninguna orientación teórica sobre lo que verdaderamente es malo y lo que verdaderamente es bueno. Hay tanto que, aparentemente, es bueno, pero, en realidad, es malo, del mismo modo que también hay mucho que, aparentemente es malo, pero, en realidad, es bueno. Para poder determinar totalmente lo que es malo y lo que es bueno en el plan universal divino, hay que conocer la estructura principal de este plan. Adquirir conocimiento de este plan por propia experiencia, y, con ello, tener un total conocimiento de primera mano de él, sólo puede tener lugar por medio de la conciencia cósmica. La conciencia cósmica se basa, a su vez, en la facultad de la intuición, pero esta facultad sólo comienza a crecer después de que el ser tiene una actitud humana debido a su propio talento. Este talento surge, como se ha dicho, por medio de las experiencias de sufrimiento de los seres. A medida que los seres atraviesan estas experiencias, surge, por lo tanto, la facultad humana. Y el ser comienza a ser un ser humano.


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