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El desarrollo de la inteligencia lleva al instinto a degenerar, y entonces surge la incipiente conciencia diabólica  2593. Es natural que el antedicho instinto religioso cambiara cuando los hombres comenzaron a desarrollar la inteligencia. Esta facultad tenía, precisamente, que contribuir a darle al ser la facultad de participar con conciencia despierta en sus manifestaciones, de manera que no permaneciesen automáticas y, más o menos inconscientes, fueran guiadas por el instinto. Y, como ya sabemos, llevó al hombre a estar extremadamente ocupado en investigar, examinar y experimentar con fenómenos que, precisamente, por medio de la inteligencia podía convertir en hecho y, con ello, en conocimiento consciente diurno. Todo se orientó hacia esta investigación y sus resultados como un posible camino para la solución del misterio de la vida. Sin embargo, este camino condujo provisionalmente a los hombres a gran saber y conocimiento con respecto a la materia y sus fuerzas, pero esta investigación y este conocimiento no condujo en absoluto a la solución del misterio de la vida. Condujo, al contrario, a una desviación total de la influencia del instinto, a saber, la facultad de creer en algo en dirección a las más altas formas de vida o la realidad desde la cual son dirigidos los planetas, mundos y formas de vida de la zona física de existencia. La mucha observación y el mucho conocimiento convirtieron, de alguna manera, el instinto en superfluo. Fue puesto fuera de función, precisamente porque el ser se orientó hacia lo que él mismo podía ver y observar. Por lo tanto, se convirtió en materialista y ateo. Y, como hemos visto, surgió la conciencia diabólica. Pero todo esto fue un proceso totalmente natural y lógico del orden divino del universo o creación del hombre por Dios a su imagen. Sin este proceso, el animal nunca se convertiría en el hombre perfecto. Hemos visto, precisamente, que los sufrimientos surgidos de este proceso eran necesarios para que el hombre luego pudiera tener la conciencia que era una con la conciencia de Dios.


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