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| La vida de los seres en los mundos superiores | 2632. El amor total del hombre perfecto es, así, la más alta simpatía que, en resumidas cuentas, puede ser manifestada por un ser hacia otro. Es tan fuerte que no existe el sufrimiento que el ser no quiera tomar sobre sí por su prójimo, si el sufrimiento pudiera tener, de alguna manera, lugar en los mundos superiores. El ser evolucionó hasta un sentimiento de simpatía o un amor tan desarrollado antes de que cesase su reencarnación en la materia física. Fue, precisamente, la facultad de sentir desinteresadamente este amor por su prójimo lo que era la condición para que el ser se liberase de la reencarnación, o los renacimientos periódicos en materia física, con lo cual se convirtió en ciudadano de la zona culminante del reino de Dios, de los reinos superiores que ya aquí en la Tierra son designados como «el reino de los cielos». De este modo, amar a otros seres casi más que a sí mismo, e igualmente ser amado por los semejantes con la misma simpatía inquebrantable es, claro está, el más alto fenómeno divino que sólo y únicamente puede expresarse como profusión de rayos de la propia Divinidad. No es extraño que los seres aquí sean uno con Dios. ¿Qué es una simpatía de enamoramiento en relación con un afecto tan culminante o un amor que todo lo irradia? También se comprende que aquí no se necesita en absoluto ningún proceso de enamoramiento o creación artificial de simpatía, al igual que el proceso de reproducción ligado al enamoramiento es totalmente superfluo. Aquí no hay, por lo tanto, ninguna promesa matrimonial, ninguna infidelidad, ningún amor desdichado, ningún exceso ni perversidad sexual o erótica, todo aquí sólo puede transcurrir normal. Como todos los seres son aquí totalmente perfectos, no existe ninguna invalidez ni lesión de los cuerpos de manifestación de los seres. Por consiguiente, aquí no puede haber en absoluto enfermedades de ningún tipo. Todos los seres totalmente evolucionados y libres de reencarnación viven ininterrumpidamente de camino del reino humano al reino de la sabiduría, al mundo divino y, finalmente, al reino de la bienaventuranza. La existencia eterna de los seres se muestra aquí en su más alta forma accesible directamente por los sentidos en la zona de experimentación consciente. Aquí, en las esferas de los seres perfectos, tampoco hay ningún estadio de bebé, y no hay ninguna vejez. Los cuerpos espirituales se renuevan y mantienen en un estándar permanentemente ininterrumpido y no son detenidos por ninguna reencarnación, tal como es el caso con los cuerpos físicos de los seres. Aquí hay que recordar que el ser bipolar totalmente evolucionado, debido al especial equilibrio de sus polos, no es ningún ser de sexo masculino ni de sexo femenino. |
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