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| Véase el símbolo nº 31 en nueva ventana | Índice de La Imagen Eterna del Universo, volumen 3 |
Símbolo n° 31 La facultad de percepción del ser vivo y los estadios evolutivos 31.1 Todos los seres vivos son "hombre", pero en distintos estadios Como ya sabemos, todos los seres vivos son desde un punto de vista cósmico el mismo ser. No obstante, el hecho de que se nos muestren como miles y miles de razas y especies distintas se debe únicamente a que, por regla general, son juzgados según su organismo físico. Como este organismo, en realidad o desde un punto de vista cósmico, no es el ser en sí, sino sólo un instrumento por medio del cual éste crea y experimenta la vida, es naturalmente un error juzgar la identidad verdadera o absoluta del ser según su organismo, y especialmente dado que éste es temporal y perecerá. Por consiguiente, el ser vivo debe ser juzgado según su identidad verdadera y eterna. Este juicio cósmico es el máximo que existe y, por consiguiente, es el que es totalmente justo. Es por medio de este juicio que se califica al ser vivo de "hombre". Tras la expresión "hombre" hay una realidad absolutamente eterna e inmortal. Y como cada ser que existe en el universo, tanto en el microcosmos y macrocosmos como en el mesocosmos, responde a este análisis, se transforma aquí en un hecho para el observador intuitivo el que cada uno de estos seres citados constituye, en su supremo y más íntimo análisis cósmico, la misma clase de ser. Todos son "hombre" según su análisis cósmico supremo. El hecho de que en la vida cotidiana no califiquemos a todos los seres de "hombre" se debe, exclusivamente, a que, como ya hemos dicho, se nos muestran con diversos organismos y con formas de experimentación de la vida y de manifestación que divergen del organismo y de la forma de vida y de manifestación que ordinariamente calificamos de hombre. El hecho de que, por ejemplo, no califiquemos a un perro, un gato, un caballo, un elefante, un pez o cualquier otro animal de hombre se debe, exclusivamente, al tipo de organismo y a las formas de vida y de manifestación por medio de las que estos seres eternos se revelan. Como los organismos y las formas de vida y de manifestación son fenómenos creados y, por ello, sólo son apariciones temporales de los seres vivos, estos fenómenos no pueden ser de ningún modo idénticos a los mismos seres vivos. Solamente constituyen algo que es producido por los seres vivos. Pero tras este algo producido existe el ser verdadero y eterno como un yo con una supraconciencia igualmente eterna. Este yo y su supraconciencia son los que conjuntamente forman el auténtico ser eternamente vivo tras el organismo físico perecedero. Este ser vivo es el que crea el organismo, experimenta y se manifiesta a través de él, y puede separarse nuevamente de él cuando se hace viejo y está desgastado o de otro modo es lesionado o se transforma en defectuoso y, con ello, inservible para el ser. A esta separación o liberación del yo de su cuerpo físico es a lo que llamamos "muerte". Y el ser, tal como ya sabemos, puede crear, bajo ciertas condiciones, un nuevo organismo físico y experimentar nuevamente la vida en la esfera física. A este proceso lo llamamos "nacimiento". Ambos procesos, el nacimiento y la muerte, constituyen juntos la base de lo que calificamos de "reencarnación" o "renacimiento". Este ser vivo y eterno tras los organismos, que experimenta y manifiesta la vida por medio de su organismo, carece en sí de nombre, puesto que, de por sí, está por encima de toda manifestación ya que él mismo es el origen de la manifestación. Sólo se le puede calificar de "algo que es". Unicamente se puede dar nombre a lo que éste produce y crea. Lo principal de su creación es su organismo. Y en realidad, el nombre lo recibe según su estructura. El organismo totalmente perfecto y más eminente de los organismos de todos los seres vivos es el organismo humano. Es en virtud de este organismo que los seres vivos reciben el nombre de "hombre" según y conforme avanzan tanto en su evolución que el polo contrario comienza a dejar sentir su efecto y, como consecuencia de ello, comienza, de modo correspondiente, a reemplazar la mentalidad y el organismo animal por la mentalidad y el organismo humano respectivamente. La mentalidad humana se caracteriza por la inteligencia, el conocimiento, la razón y la facultad creadora que crecen con la transformación de los polos. El organismo humano se caracteriza por la evolución del organismo animal hacia la posición erguida, la musculatura progresivamente más refinada y las facciones más delicadas, la aparición de incipientes rasgos femeninos en el organismo del hombre y rasgos masculinos en el de la mujer. Y de este modo la mentalidad y el organismo humanos se desarrollan saliendo de estadios primitivos precedentes. Y es bajo estos estadios primitivos que los auténticos seres vivos tras los organismos son calificados de formas de vida animales, vegetales y minerales y no son calificados de hombre. |
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