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Capítulo 15
El nuevo cuerpo
Los órganos o cuerpos que se manifiestan en la subconciencia son realidades creadas, formadas por energía, sustancia, materia; y por ello son, del mismo modo que todas las otras realidades creadas, objeto de caducidad, desgaste, destrucción y aniquilación. Cuando uno de estos cuerpos se ha hecho viejo, se ha desgastado de un modo natural o bien – a causa de lesiones antinaturales – ha llegado a tales condiciones que ya no puede desempeñar su función de interacción con los otros cuerpos, se desprende de ellos. Esta desconexión es idéntica a lo que llamamos un proceso de muerte. Cuando esta desconexión ha llegado a su final y ya no hay ningún tipo de contacto entre el cuerpo y el yo, este cuerpo se transforma en «un cadáver».
      De los distintos procesos de muerte, el ser de la Tierra conoce solamente aquel que desconecta el cuerpo físico del yo; y de los distintos tipos de cadáveres conoce solamente el cadáver del cuerpo físico. Pero algo parecido sucede también, hasta un cierto grado, en relación con los restantes cuerpos.
      Esta eliminación de cuerpos sucede de acuerdo con leyes eternas y puede, solamente, tener lugar cuando el cuerpo respectivo no puede ser usado en el juego de interacción con los otros cuerpos. De este modo el yo, igualmente en virtud de las mismas leyes, adquiere la capacidad de comenzar la incipiente construcción de un nuevo cuerpo de la misma materia y en armonía con su evolución ascendente; durante este proceso sigue experimentando la vida en virtud de los otros cuerpos. Cuando este cuerpo que está siendo construido ha alcanzado un cierto nivel, su incipiente misión es activada en forma de un proceso de nacimiento. Y «el yo» renace una vez más en el reino de existencia en cuestión, pero en un cuerpo nuevo y perfeccionado. La existencia eterna de todos los seres vivos se estructura como un constante renacer en una forma de existencia nueva y más perfecta en el reino respectivo. Como el hombre de la Tierra solamente conoce su cuerpo físico y, a causa de ello, se identifica con éste, debe forzosamente ser víctima de la ilusión de que la muerte es una aniquilación de su existencia, el fin total de la vida. Pero nosotros hemos visto aquí que todo ser vivo, gracias a su «yo» y su supraconciencia, es una realidad eterna e imperecedera; que la muerte en sentido absoluto es una ilusión y que solamente existe la vida.


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