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M2570
El reino mundial sin armas o reino de los cielos
por Martinus

33.1 Vivir en un sabotaje permanente de la propia vida 
Para muchos el concepto «reino de los cielos» no tiene ningún especial interés. Creen más bien que oculta algo muy ingenuo, algo que, en realidad, sólo es una superstición religiosa y, por lo tanto, no está de ningún modo enraizado en la realidad. Esta ignorancia no carece de riesgo. Porque un hombre que no cuenta con el reino de los cielos es lo mismo que un hombre que no comprende en absoluto la existencia en la que vive. Pero vivir en una existencia que no se comprende no está en contacto con el sentido de la vida y nunca, en ningún caso, puede significar felicidad, ya que un hombre en una situación así no puede evitar vivir en un sabotaje permanente de su propia vida, de su propio destino. Y también vemos una gran cantidad de destinos saboteados. De hecho, hasta el momento presente, ¿no ha saboteado en gran medida toda la humanidad su destino? Las presuntas culturas mundiales, ¿no se han hundido una tras otra con sangre y horror? ¿Y cómo prepara la humanidad su destino futuro? La capacitación en sabotear la vida, ¿no es lo que la humanidad prepara con más intensidad? ¿Qué hay con las denominadas bombas atómicas y de hidrógeno? ¿No ha costado un trabajo colosal llegar a ellas? ¿Y no ha costado inmensas cantidades de dinero? ¿Y no ha costado la obtención del dinero la mano de obra y la salud de millones de hombres? ¿No ha costado un mantenimiento permanente del principio «comerás el pan con el sudor de tu frente»? ¿Y quién se siente seguro con un futuro que puede desencadenar bombas de hidrógeno, el infierno u horror de los horrores mañana? ¿Y quién está seguro de sobrevivir a este infierno? Y una vida basada en el infierno o un ataque o una defensa mortíferos, ¿cómo puede ser distinta a la de los animales? La defensa de la serpiente venenosa, ¿no es una defensa en virtud de la capacidad mortífera que tiene de transmitir su veneno mortal al organismo del enemigo? La vida del león y del tigre, es decir, la vida de todas las fieras, ¿no se basa en la destrucción de la vida de otros seres?
33.2 La superstición mortífera de los hombres con respecto a la protección de su vida
¿Qué diferencia hay entre la defensa y el ataque saboteadores de la vida de los hombres y el ataque y defensa saboteadores de la vida de los animales? La diferencia es que la facultad de los hombres de sabotear la vida es, con respecto a los animales, como un terremoto en relación con una brisa de verano. Entre la actitud de los animales y de los hombres con respecto a la existencia saboteadora de la vida también hay la diferencia de que, mientras para los animales esta actitud es natural y es imposible que sea distinta, para los hombres es menos natural. Una gran cantidad de hombres no quiere en absoluto vivir la vida de esta manera, además esta manera de vivir tampoco está en contacto con lo que los más grandes sabios o fundadores de religiones de la humanidad les han enseñado. En sus iglesias y escuelas, la humanidad les enseña a sus hijos que no tienen que matar, que no tienen que quitar la vida, que tienen que amar a su prójimo, etc. Y la sociedad ha creado leyes que ejecutan y castigan a los hombres si matan a otros hombres o injustamente los dañan. Pero, al mismo tiempo, obliga a millones y millones de sus hombres jóvenes a que se formen para el asesinato y la matanza, en parte en la pelea con el enemigo y en parte manejando las gigantescas máquinas mortíferas y las bombas A y H, que pueden aniquilar megaciudades y sus poblaciones y bienes culturales en pocos segundos. Mayor sabotaje de la vida no se puede imaginar. Mayor cantidad de infracciones del mayor precepto de la vida: «No matarás» no pueden existir. Esta zona de la vida es, así pues, muchas veces peor que la de los animales. Matar para vivir no es ninguna condición de vida para los hombres. Sólo viven en esta zona, porque precisamente creen que hay que defenderse con muerte y asesinato. Pero el mundo ha llegado a un estadio de su evolución en el que está en condiciones de dar alojamiento y alimento a una humanidad muchas veces mayor que la actual. Tiene tan excelentes posibilidades que la vida aquí, en su superficie, en cualquier momento puede convertirse en un paraíso para los hombres, tan pronto como puedan despertar de la superstición mortal en la que viven con respecto a la protección de la vida.
33.3 La cultura mundial actual está agonizando. «El reino de los cielos» es un estado mental
Aquí vemos que la agonizante cultura mundial actual representa la situación manifestada en la parábola del hijo pródigo, cuando ha caído tan bajo que come con los cerdos. Comer con los cerdos quiere decir lo mismo que vivir exactamente bajo la misma forma de vida que el animal. Defenderse con armas, comer los organismos de otros seres, es vivir del mismo modo que los animales. Pero también sabemos que entonces el hijo pródigo cambió de rumbo y regresó a la casa paterna, donde fue recibido con gran alegría por su padre. Como un contraste a esta existencia animal, en la que viven los hombres y a la que llaman cultura, existe «el reino de los cielos». Este reino no es, en verdad, ningún reino de fantasía ni es ninguna utopía. Es un reino que por todas partes se ve brillar en la lejanía, pero todavía se encuentra en su primer débil resplandor matutino. A este reino lo podemos percibir con los sentidos despiertos de nuestra propia conciencia diurna. No necesitamos limitarnos simplemente a las palabras de la Biblia sobre el reino de los cielos. Es un hecho mucho mayor de la vida cotidiana que lo que se expresa en este libro sagrado. ¿Dónde está y qué es el reino de los cielos? Se ha dicho: «el reino de los cielos está dentro de vosotros». Por el momento, es un estado mental. Este estado mental no puede ser, por lo tanto, el que lleva a los hombres a hacer el presunto mal, el que los lleva a matar y asesinar. Es el estado que los lleva a tener escrúpulos cuando, precisamente, han hecho algo contra hombres o animales. En todos los hombres hay una facultad que determina lo que somos capaces de hacer y no hacer. Es la facultad humana. Es un hecho que esta facultad se está desarrollando en todos los hombres, lo cual lo demuestra el que no aparezca con la misma capacidad en todos los hombres. En algunos no está demasiado avanzada. Son capaces de hacerle mucho daño a su prójimo. Y en otros está muy avanzada, y son incapaces de hacer daño a otros seres. Seres así son, por ejemplo, incapaces de matar animales. No tienen corazón para ser pescadores ni cazadores. No están totalmente desprovistos de empatía hacia el destino, el sufrimiento que los pescadores, cazadores y carniceros infligen a los animales. No se puede decir lo mismo de quienes practican la vivisección. A estas personas no les afecta en absoluto el hecho de que sabotean terriblemente la vida  a los animales. Aquí no aparece la mentalidad que denominamos «reino de los cielos». Muchos practican, incluso, la pesca y la caza como hobby. No puede negarse que estos hombres se ponen en peligro a sí mismos como muy primitivos, aunque estén en posesión de títulos de nobleza o de realeza. Es, precisamente, en estos círculos donde se practica la pesca y la caza de placer. Y, evidentemente, cuanto mayor sea el número de animales muertos con los que estas personas salen fotografiadas en los periódicos modernos de gran tirada, más se acentúa la revelación de su primitivismo saboteador de la vida ante los hombres humanamente evolucionados.
33.4 Matar animales no es ninguna necesidad vital
Matar animales para vivir no es ninguna necesidad vital para los hombres. Ni su carne ni su piel son alimento y vestido digno para hombres evolucionados. Sólo revela el primitivismo del esquimal u hombre de los polos, sin la necesidad que tiene que suponerse existe para el hombre primitivo de los polos, que tiene que vivir en el hielo y la nieve, aparte de la vanidad que hay en el hecho de poder mostrar su riqueza a otros hombres vistiéndose con costosas pieles. Pero esto no se les puede reprochar a los hombres, porque no pueden hacer nada con respecto al lugar en que se encuentran en la evolución. Pero esto no les prohíbe a otros observar el crecimiento mental de los hombres de un estado a otro. Pero este conocimiento que se adquiere no da ningún derecho a reprocharles a otros hombres que todavía que se inclinen por la pesca, la caza y la ropa de piel y el consumo de carne. Esto tiene que tener lugar hasta que las personas en cuestión, mediante su insensibilidad para con los animales o los seres vivos, hayan sido objeto de tantas consecuencias del destino, que regresan a ellos en forma de sufrimiento, que ya no sean capaces de causarle ningún mal a ningún ser vivo. Todos llegarán aquí. Y este crecimiento en la mentalidad de la facultad de no tener corazón para matar, para hacer daño, ya se trate de animales u hombres, es «el reino de los cielos».
33.5 - El reino de los cielos crece en los hombres en forma de su facultad humana
Este reino no es un reino que pueda crearse  por medio de cualquier política o dictadura. Es un reino que crece en los hombres en forma de su facultad humana. Esta facultad llevará a todos los hombres tan lejos que preferirán sufrir ellos mismos a que otros sufran. Hará que los hombres sientan alegría siendo una alegría y una bendición para todos los demás seres vivos. Por consiguiente, a medida que esta facultad mental crezca, eliminará la guerra, la enemistad, la crítica maligna, toda la falta de amor y toda la insensibilidad tanto hacia animales como hombres. Este reino es, por lo tanto, algo que crece en el interior de todos los hombres. Ahora en algunos todavía es una pequeña semilla, como un grano de mostaza, pero en otros ya se está convirtiendo en un gran árbol, al que pueden venir los pájaros del cielo y hacer su nido. Convierte a cada hombre en una célula divina de amor. Por medio de estas células de amor o unidades, toda la humanidad se va formando para convertirse en un reino mundial, en el que todos sirven a todos. Nadie puede soportar que otros estén peor que uno mismo. El reino de los cielos es, de este modo, una evolución orgánica, que tiene lugar en la mentalidad humana y que puede observarse físicamente, con lo cual se convierte en un hecho. Todas las grandes promesas de paz en la Tierra, de bienestar para los hombres, de la creación del hombre a imagen de Dios, etc. son, por consiguiente, visibles como hechos físicos. Que hay que amar al prójimo como a uno mismo es, con ello, ciencia, verdadera cultura o civilización y hermosura y alegría.
Título original danés: «Det våbenløse verdensrige eller himmeriges rige», de una conferencia en el Instituto Martinus el 18 de marzo de 1956, publicado en la Recopilación de artículos (artículo n.º 33). Publicado por primera vez en la edición danesa de Kosmos n.º 12, 1983. Traducción: Martha Font 2013. ID de artículo: M2570.

© Martinus Institut 1981, www.martinus.dk

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