M3023
Nuestro prójimo en el micro, meso y macrocosmos
Por Martinus
PREGUNTAS
¿Quién es mi prójimo? – ¿Es sólo el hombre o también las células o microseres inherentes a mi cuerpo? – ¿Y por qué debo amar a este prójimo? –
RESPUESTA
Si el término «prójimo» debe entenderse literalmente, se trata de una designación de lugar. En este contexto, nuestro prójimo es el ser que está más cerca de nosotros en el espacio físico. Como sabemos, un ser puede estar tan cerca de nosotros que incluso toque nuestro propio cuerpo, del mismo modo que puede estar a miles de kilómetros. Cuando decimos que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, significa literalmente que debemos amar ante todo al ser o a los seres que están al alcance de nuestro poder de observación y que no podemos evitar experimentar o percibir. No podemos percibir directamente a seres que viven a miles de kilómetros de distancia. Su estado general no puede ser tan claro para nosotros como el estado o el destino de los seres que están justo delante de nuestros ojos, oídos y otros sentidos. Todos los seres vivos, ya sean plantas, animales u hombres, que están al alcance directo de nuestros sentidos son el punto focal o el objeto general del amor que ordena la ley de la caridad. Si todos los seres dentro de la zona inmediata de los sentidos cumplieran esta ley, y todos fueran así alegría y bendición para todos, el reino de los cielos sería un hecho en la tierra desde hace mucho tiempo.
Como los semejantes conocidos: plantas, animales y hombres, no son los únicos seres vivos existentes en nuestra vecindad, sino que sólo expresan los habitantes de una zona especial, el «mesocosmos», y por consiguiente existen miríadas de seres en otro espacio, el «microcosmos», estos seres, a medida que se empieza a percibir y comprender su presencia, también entrarán bajo el concepto de «prójimo». Y la cuestión del amor al prójimo también será pertinente en este caso. Estos seres también deben ser amados, de lo contrario también aquí se desatará la oscuridad o el infierno. Esto no es tan difícil de entender cuando nos damos cuenta de que estamos hablando de todos los millones de seres vivos: células y moléculas, etc. que componen nuestro cuerpo físico. Tenemos una conexión e interacción directa con estos microseres a través de nuestra relación con dicho cuerpo, que es su hogar o universo. Ya sabemos que si comemos alimentos y bebemos bebidas inadecuados, si no dormimos lo suficiente y nos esforzamos en exceso con trabajos duros, nuestro bienestar general se resiente. Enfermedades, intoxicaciones, tumores, crisis nerviosas, etc. hacen estragos en nuestro cuerpo. Así como habrá guerra y desastre donde no nos amemos, también habrá guerra y desastre, dolor y destrucción donde no amemos ni bendigamos a los microseres de nuestro organismo. Por lo tanto, también será absolutamente necesario amar a nuestros microseres como nos amamos a nosotros mismos. La relación de los seres con los microseres se convertirá así en una parte muy urgente de la nueva moral espiritual-científica mundial, aunque haya sido casi totalmente ignorada en los preceptos religiosos transmitidos desde el viejo mundo.
Pero más allá del microcosmos y del mesokosmos, existe otro espacio cósmico para los seres vivos. Este espacio se denomina «macrocosmos». Con los habitantes de este cosmos, también nos encontramos en una interacción muy importante. En este caso, estamos particularmente conectados con el macroser que tiene a la tierra como organismo. Este ser terrestre, así como los demás macroseres, viven en una percepción dimensional del tiempo y del espacio de dimensiones completamente diferentes a nuestra propia apariencia dimensional del tiempo y del espacio. Para nuestros sentidos, los minutos y las horas de estos seres significarán milenios o millones de años. Por lo tanto, no podemos corresponder directamente con ellos de forma consciente. Su esfera de experiencia vital está tan por encima de nuestra propia esfera vital como la de nuestros microseres. Pero aunque no podamos intercambiar pensamientos o hablar conscientemente con nuestro propio macroser o con cualquier otro macroser, todavía hay un camino por el que podemos entrar en contacto directo, con conciencia diurna con la vida creativa más elevada existente en el macrocosmos. Todos los macroseres, así como los seres meso- y microcósmicos, son órganos de un gran ser. Como este gran ser tiene, por consiguiente, a todos los seres vivos existentes como órganos, instrumentos sensoriales y del habla, puede corresponder no sólo en todos los idiomas del mundo, sino en los idiomas de todos los globos y macroseres, así como de todos los microseres existentes. Que también tiene la capacidad de corresponder con cada ser humano debería ser evidente. Este ser omnipaternal habla a los seres humanos por medio de los seres humanos. Habla a los animales a través de los animales. Habla a los criminales a través de los criminales, del mismo modo que habla a los santos a través de los santos. Puede ponerse en la misma longitud de onda y así ponerse en contacto con todo el mundo. Es a este ser al que conocemos bajo el término «Deidad». Cuando un ser reza o clama a Dios, esta oración o este clamor es escuchado por algún ser físico o psíquico, que, según lo anterior, es el instrumento sensorial de Dios, y el ser recibe una ayuda inquebrantable. Pero a veces la ayuda es sólo psíquica, y el ser no siempre se da cuenta de que su oración ha sido escuchada. Como esta Deidad eterna es, pues, nuestro prójimo absoluto condicionador de la vida, comprendemos aquí la ley eterna del amor tal como nos fue transmitida desde las edades pasadas, y tal como nos será transmitida sin cambios en forma de ciencia espiritual a los tiempos futuros:
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo. Esta es la plenitud de todas las leyes.
Carta de contacto 18, 1951. ID artículo M3023. Traducido del danés al castellano por Else Byskov y David Pinzón en 2024.
© Martinus Institut 1981, www.martinus.dk
Se permite poner un link al artículo arriba mencionado, con información de copyright y referencia de su origen. También está permitido citar de él según la ley de copyright. No se permite reproducir al artículo entero sin permiso escrito del Instituto Martinus.
Se ruega enviar comentarios a info@martinus.dk.
Se puede enviar información sobre errores, fallos y problemas técnicos al webmaster.
