M3029
El suicidio agrava el oscuro destino
Por Martinus
PREGUNTA
¿Causa el suicidio un destino oscuro en el mundo espiritual y en la próxima encarnación?
RESPUESTA
Puesto que la capacidad de experimentar la vida se mantiene o renueva únicamente a través de la experiencia vivencial, toda experiencia vivencial, ya se manifieste como placer o malestar, como destino luminoso u oscuro, se convierte en el fundamento vital de la experiencia eterna de la vida de todo ser vivo. Puesto que el suicidio, cuando no se comete en la locura, es siempre un intento de liberarse de un destino oscuro o de una experiencia oscura en la que se ha caído, esta manifestación se convierte así en realidad en un sabotaje de la renovación normal y absolutamente necesaria de la vida. Pero como el suicidio en un sentido absoluto no puede tener lugar, ya que ningún ser vivo puede morir, y por lo tanto no puede morir ni por su propia mano ni por la de otros debido al hecho de que cualquier ataque sólo puede tocar y destruir el organismo físico, el suicidio sólo se convierte en una nueva adición a un destino aún más oscuro al ya existente triste estado mental que llevó al ser al suicidio. En lugar de liberarse de su oscuro destino, éste se ve así enormemente agravado por el suicidio.
Como el suicidio sólo puede ser promovido por una combinación de pensamientos, cuyo resultado final total en un momento dado para el ser es la repulsión total de vivir, esta repulsión del que el ser quiere liberarse mediante el suicidio no es en absoluto idéntica al organismo físico, sino que constituye materia que está más allá del plano físico. Por lo tanto, es inútil liberarse de este organismo. El mal no es un asunto corporal. Más bien, en todas las situaciones, será en su hecho final una cuestión mental o espiritual. Este mal o asco vital seguirá siendo experimentado por el ser, tenga o no su organismo físico. El ser descubrirá así después del suicidio que la muerte o inconsciencia que creía crear con el suicidio no existe. Sigue conservando su mentalidad y, por lo tanto, seguirá atado a su asco de la vida, a sus tristes pensamientos o a su oscuro destino.
Al desprenderse de su organismo físico, que es su herramienta fundamental de manifestación y experiencia en el plano físico, ha agravado aún más su situación, pues ahora ya no tiene ninguna posibilidad normal de superar las dificultades u obstáculos físicos en los que se había enredado y que fueron la causa del suicidio. Esta oportunidad sólo podrá recuperarla cuando vuelva a encarnarse en un organismo físico, e incluso, a veces, sólo cuando haya alcanzado la edad a la que se cometió el suicidio.
Después del suicidio, el suicida sigue en su triste y oscuro estado de conciencia, del que ya no puede liberarse por sus propios esfuerzos. Aquí acabará entrando en contacto con sus ángeles de la guarda, que lo sacarán de las capas oscuras de la conciencia, tras lo cual este lado de su mentalidad permanecerá latente hasta que vuelva a aflorar en una nueva encarnación futura y sea entonces superado por el ser en el plano físico. Pero en el primer período de su existencia en el plano espiritual después del suicidio, el estado mental oscuro en el que se encuentra le impide experimentar la existencia espiritual brillante normal, en la que entra todo ser que muere de una muerte normal y que al morir no se encuentra en ningún estado mental oscuro.
Este estado mental oscuro, que un ser puede llevar del plano físico al plano espiritual después de la muerte y que durante un tiempo oscurece la experiencia del ser en este plano, se conoce como «purgatorio». Así pues, suicidarse significa invariablemente purgatorio y en ningún caso puede significar la liberación de las tinieblas que fueron la causa del suicidio. Por lo tanto, todo destino físico debe ser vivido y superado en el plano físico. Si no se lo combate o supera antes de morir en esta encarnación, se lo encontrará tanto física como mentalmente en la próxima encarnación física. Y aquí, según su naturaleza más o menos oscura, esta experiencia se convertirá en un obstáculo más o menos destacado para que el ser adquiera un destino de luz.
Carta de contacto 25, 1951. Artículo ID M3029. Traducido del danés al castellano por Else Byskov y David Pinzón en 2024.
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