M3033
El cambio de los polos hace que el organismo femenino sea menos apto para tener hijos
Por Martinus
PREGUNTA
¿Disminuirá gradualmente el deseo de la mujer de dar a luz y tener hijos? –
RESPUESTA
Para responder a esta pregunta, en primer lugar debemos darnos cuenta de que el número de descendientes de los seres vivos no está totalmente determinado por la voluntad de los padres. Aunque los padres de la humanidad posean cierta capacidad para evitar el embarazo, no es esta capacidad el factor primordial que subyace al principio que determina la reproducción. Hay un principio completamente distinto frente al cual esta capacidad sólo puede ser algo secundario, algo bastante local. Este otro principio es, por supuesto, el propio principio de los polos. Toda la estructura física y espiritual de todo ser vivo está formada, guiada y mantenida por dos principios, el masculino y el femenino. Estos dos principios o polos desencadenan en sí mismos un cierto estado medido de transformación, así cada uno de los dos principios se transforma de un estado latente a un estado culminante y viceversa y luego se repite y así continúa. Forman así una ronda de movimiento que llamamos circuito. Los dos polos del ser vivo están, pues, sujetos a su propio circuito. Estos dos circuitos están tan equilibrados que mientras un polo está en culminación o máximo despliegue, el otro polo está en un correspondiente mínimo o despliegue menor. Cuando el polo masculino en su circuito culmina en el ser, el polo femenino está en estado latente, y el ser aparece entonces como un ser masculino, es decir, como un ser macho, mientras que lo contrario es naturalmente el caso cuando el polo femenino está culminando y el masculino está latente. Aquí el ser aparece como un ser femenino. Y entonces obtenemos los dos tipos de seres que se llaman «hombre» y «mujer» en la raza humana.
Pero como los dos polos se encuentran todavía en circuitos separados, el polo culminante se transformará saliendo de la culminación, mientras que el otro polo aumentará en transformación yendo hacia la culminación. De este modo, la constelación de la relación mutua de los dos polos en el ser, que condicionó el estado de los seres como masculino y femenino al cien por cien, se cambia. En un punto dado del circuito mutuo de los polos, su constelación se convertirá en un estado igual, de modo que el ser ya no es un ser masculino o femenino, sino que aparece como un ser igualmente consciente en sus dos polos. Se convierte entonces en «cósmicamente consciente» en su existencia. Un ser así es el humano perfecto o el humano a imagen de Dios. Como ya no es un ser masculino ni femenino, ya no puede sentir el deseo de propiedad y, por consiguiente, no puede sentir celos ni envidia. Puesto que la posesividad, los celos y la envidia son la raíz de todas las tinieblas mentales del mundo, los seres de doble polaridad se elevan por encima de los tipos de pensamientos que crean guerras, penas y enfermedades en la vida cotidiana. La paz y la felicidad que aporta esta constelación polar es lo mismo que el «reino de los cielos» o la paz del evangelio de Navidad en la tierra y el agrado de la humanidad. Es la «paz» que la humanidad actual desea, pero que cree poder ganar con armas nucleares u otras terribles máquinas de destrucción. El humano terrenal de hoy, en virtud de su constelación polar sexual, no es un ser masculino o femenino en la cultura pura. Está en proceso de alejarse cada vez más de este estado. Y a medida que se aleja de este estado, se vuelve cada vez menos apto para el matrimonio. La tendencia al enamoramiento o el deseo de propiedad sobre el compañero sexual se va disminuyendo en mayor o menor grado. Y tenemos una zona mental donde el matrimonio degenera. En Livets Bog, esta zona se llama «la zona de los matrimonios infelices». Así pues, los seres están en camino hacia un estado sexual del ser completamente diferente, dentro del cual el principio de la procreación tendrá lugar de una manera distinta.
A medida que tiene lugar la transformación polar, el organismo de la mujer también se transforma un poco a favor del principio masculino que ahora crece en ella y un crecimiento correspondiente del principio femenino en el hombre. Con esta transformación, el cuerpo de la mujer se vuelve cada vez más delgado como el de un muchacho del mismo modo que el organismo masculino, musculoso, tosco y robusto del hombre, también se abre camino hacia la misma forma del cuerpo delgado como el de un muchacho, que en sí mismo es un intermedio entre el cuerpo masculino fuertemente masculino y el cuerpo femenino fuertemente femenino. Con esta transformación del cuerpo femenino, su organismo se vuelve cada vez menos apto para tener hijos. Sí, incluso puede ser fatal para una mujer así dar a luz. Con el tiempo, esta capacidad cesará por completo en favor de un estado reproductivo completamente diferente, el que pertenece a la nueva época de la vida humana que se avecina o al reino en el que uno no se casa. Así pues, esta constelación polar es crucial para el proceso de propagación. Dirige la voluntad del humano y es, por tanto, el factor determinante en los matrimonios y relaciones en los que no se quiere tener hijos.
Carta de contacto 30, 1951. ID del artículo M3033. Traducido del danés al castellano por Else Byskov y David Pinzón en 2024.
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