M4108
Jesús era de doble polaridad. Materialización y desmaterialización. El amor unipolar y de doble polaridad
Por Martinus
PREGUNTAS
¿Qué se puede decir de Jesús como ser sexual?
RESPUESTA
Definitivamente se puede decir que era de doble polaridad. Cristo no podría tener conciencia cósmica si no fuera de doble polaridad. El principio masculino y el principio femenino están en equilibrio, lo que significa que ambos polos sexuales están armonizados para sólo poder liberar la conciencia total, perfecta, para convertirse en hombre a imagen de Dios. Esto sucederá a todos y cada uno de los seres humanos cuando el polo opuesto en el ser humano alcance y se equilibre con el polo ordinario. En otras palabras, cuando el polo femenino se perfecciona en el hombre y cuando el polo masculino se perfecciona en la mujer, el ser ya no es un hombre o una mujer, ya no es un macho o una hembra o un mamífero, sino que se ha convertido en el ser humano perfecto. Esto sucede al mismo tiempo que su conciencia también se ha perfeccionado. Este es el proceso que yo llamo el gran nacimiento o iniciación. Naces en el mundo cósmico, lo que significa que tu cerebro cambia por completo para que seas capaz de experimentar los mundos cósmicos del mismo modo que antes podías experimentar el mundo físico.
Si no conoces el principio polar, piensas que siempre serás hombre y mujer, etc. Pero Eva, que simboliza el ser unipolar, fue creada precisamente porque tenía que existir esta unipolaridad, que ahora existe entre los animales e incluso entre los humanos hasta cierto punto. De lo contrario, la oscuridad no sería posible. Al fin y al cabo, las personas de doble polaridad no dependen de ningún otro género. Las personas de doble polaridad aman a su prójimo como a sí mismas, y no tienen este acto de apareamiento con el que tienen que producir hijos, etc. Dentro de tres mil años, la materialización y la desmaterialización se alcanzarán aquí en la tierra. Esto significa que los seres ya no necesitarán nacer de mujeres. Por medio de la materialización, pueden formar de repente un organismo físico adulto a partir del plano espiritual en el que pueden aparecer temporalmente en el plano material, y con la misma rapidez pueden disolverlo de nuevo. Esto es lo que Cristo hizo varias veces después de la resurrección.
El mismo proceso tendrá lugar aquí en la tierra, y se desarrollará más adelante. En la parte final del reino humano perfecto en la tierra, habrá una enorme interacción entre los seres espirituales y físicos, y no habrá la frontera que hay hoy. Tal y como estamos ahora reunidos aquí, podría haber tantos seres espirituales materializados como físicos. Esto sucederá, pero por supuesto no antes de que la humanidad sea perfecta. Esta perfección viene determinada, pues, por la igualación de los polos. Con la creación de Eva, como se dice, comenzó la unipolaridad. Dios no sacó una costilla de Adán, fue un proceso interno que comenzó en los seres vegetales. Éstos proceden de los mundos superiores y son de doble polaridad y en el ser vegetal se puede ver cómo la unipolaridad comienza a hacerse sentir, para culminar en el reino animal. Cuando el ser se vuelve unipolar, en algunos seres se estanca el polo femenino y surge el masculino y se convierten en machos, y en otros seres se estanca el polo masculino y surge el femenino y se convierten en hembras. Esto impedía que el ser pudiera amar a su prójimo como a sí mismo. Era totalmente imposible porque ahora no tenían los órganos para hacerlo; sólo tenían los órganos para amar al sexo opuesto.
La única manera que tenían ahora para experimentar algo de la luz que habían dejado atrás en los mundos superiores era este acto de apareamiento y este impulso de apareamiento. Allí podían experimentar algo de la luz en la que una vez habían estado. Pero al mismo tiempo, provocaba una lucha entre los sexos porque los seres tenían que competir por el sexo opuesto. Esto dio lugar a los llamados celos o envidias, que son el principio de todo el mal que existe en el mundo. Con esta unipolaridad, también entró en el mundo algo llamado la Caída. En cierta etapa del reino animal, los seres llegaron al punto de adquirir un cuerpo semejante al humano. Esto ocurrió dentro de las regiones de los simios, donde se encontraban en estado de mono con un cuerpo que comenzó a ser utilizable para la existencia humana. Aquí el polo estancado comenzó a resurgir y con esta experiencia, en esta etapa, el animal comenzó a ser humano.
Así que todos los humanos inacabados actuales en la tierra tienen este polo opuesto avanzando en su desarrollo, y es este polo opuesto el que hace que hoy estén aquí y me escuchen. Es el polo opuesto el que hace que tengan intereses espirituales, es el polo opuesto en el que se basa todo el arte y la ciencia. El polo ordinario sólo se basa en el impulso de apareamiento. Pero con el crecimiento de este polo opuesto surge todo aquello que tiene que ver con la conciencia humana, todo lo que no se ocupa de la pulsión de apareamiento, por así decirlo: toda la ciencia, todo el arte y todas las demás manifestaciones fuera de la pulsión de apareamiento. Y es el desarrollo de este polo lo que gradualmente crea el amor en el hombre y transforma el estado sexual del hombre para convertirlo en la base del amor perfecto, para que todos los hombres lleguen a amar a todos y no como ahora, donde es un proceso animal que debe tener lugar para reproducirse, para la supervivencia de la especie, etc. Cesará por completo. Será un estado en el que las relaciones de todas las personas entre sí serán como ir de una bendición a otra. Este estado perfecto es el que existe en los mundos superiores, pero sólo puede existir allí donde los polos están absolutamente equilibrados.
Sesión de preguntas del 20 de junio de 1965. Artículo ID M4108. Traducido del danés al castellano por Else Byskov y David Pinzón en 2024.
Lecturas recomendadas:
Sobre la materialización y la desmaterialización, véase, por ejemplo, Livets Bog, vol. 2, párr. 361; Livets Bog, vol. 6, párr. 1969; Libro Pequeño 22, El Camino de la Vida, artículo 3 «La Resurrección Secundaria y la Primaria» (M2066), caps. 3-7; y Livets Bog, vol. 5, párr. 1936.
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